El grano se seca hasta alcanzar aproximadamente un 10–12 % de humedad.
Puede hacerse al sol (en patios o camas elevadas).
O de forma mecánica (secadoras).
Un secado mal hecho puede generar moho o sabores defectuosos.
En la trilla se elimina la cáscara seca que cubre el grano (llamada pergamino). El resultado es el café verde, listo para ser almacenado o tostado.